viernes, 9 de enero de 2015

Por qué yo tampoco soy Charlie

La libertad de expresión, tema tan tratado y tan tergiversado también, en líneas generales, se define como la libertad de que goza todo ciudadano para expresar sus ideas, y es esencial para llegar a la verdad, pues permite poner en igualdad de condiciones todas las reflexiones para que así otros individuos aprecien qué ideas son verdaderas, falsas, o relativas de acuerdo con su criterio. Este derecho se establece en el artículo 19 de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, en el que se lee: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y de recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.”
Este artículo es bastante claro: cuando alguien expresa su pensar, debe ser respetado, y ese respeto es el que permite que siga difundiendo sus reflexiones; así lo establece claramente el artículo 18 de la misma declaración: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.”
Como puede verse, el funcionamiento de la libertad de creencia y de la libertad de expresión es bastante sencillo, y ambos van de la mano: puedo creer en lo que desee siempre y cuando respete, a su vez, las creencias de los otros; y puedo expresar mis ideas libremente siempre y cuando respete las ideas de los demás.
Este año 2015 se inaugura con un atentado al semanario Charlie Hebdo en París, cuyo saldo es de 12 personas muertas y once heridos más, cuatro de ellos de gravedad. Esta revista es conocida por sus críticas y sátiras enfocadas en la religión, pero particularmente por las caricaturas en las que se burlaban de Mahoma y el Islam en 2006 y por las que fue demandada en 2007 por autoridades islámicas en Francia. ¿Cuál es la importancia de tener en cuenta este antecedente antes de salir a la calle con un letrero que diga “Je suis Charlie”?
Los discursos de odio se han generalizado no sólo en Europa o en Medio Oriente, sino en todos los países del orbe; no debe perderse de vista las amenazas de guerra nuclear en las que Rusia, Estados Unidos, Irán y Corea del Norte se han visto involucrados, ni tampoco los conflictos en la Franja de Gaza o las intervenciones militares en Ucrania. Todas estas amenazas de ataques entre países se deben claramente a motivos colonialistas que no vale la pena desarrollar puesto que el centro de este ensayo no es ese.
Lo que me interesa tratar no son las necesidades expansionistas de las potencias económicas mundiales, sino lo que a su vez se ha generado no en este siglo xxi, sino desde hace cientos de años: el odio. Todos los países, a través de sus gobiernos e incluso de su religión, han fomentado el odio hacia lo que es distinto: los estadounidenses odian a los inmigrantes porque se están estableciendo en sus dominios y quitan a su vez oportunidades a los ciudadanos; los cristianos odian a los islamistas porque los consideran radicales; los blancos odian a los indios por representar un retroceso en la evolución; y en general, se odia todo lo que no se conoce porque es un atentado a la costumbre. Son estas ideas (personales, y respetables, si se quiere), las que han permitido que haya crímenes como los constantes bombardeos en Gaza, este atentado a Charlie Hebdo o incluso la caída de las Torres Gemelas en Nueva York, y que el mundo se sumerja en lo que se ha denominado una avanzada hacia la Tercera Guerra Mundial
Ahora, retomando el por qué no soy Charlie, quisiera acotar dos cosas: la primera, me parece que los conceptos de “libertad de imprenta” y “libertad de expresión” están siendo erróneamente usados; la libertad de expresión establece que se respeta la opinión del otro siempre y cuando se emita con pleno respeto a las ideas que no se comparten, pues esta diferencia es la que permite la reflexión que a su vez otros individuos podrán hacer de las circunstancias. Así, yo considero que el ataque a Charlie Hebdo es producto de los discursos “racistas” (así, con comillas) dirigidos a una comunidad que si a algo está dispuesta es a morir por Alá y por Mahoma; esta opinión puede o no ser compartida, y respetaré de igual manera a quienes consideren que Charlie no es racista o que los musulmanes son agresivos sin razón.
La segunda es que esto no quita lo deleznable del hecho: asesinar a doce personas en nombre de Alá no es para nada comprensible y sigue siendo un crimen, pero para castigar ese crimen hay leyes, y los gobiernos deben ceñirse a lo que estas digan. Pero apelando a esas leyes de nuevo se vuelve al odio: la gente pide justicia, y justifica su petición al decir que debe crearse “un frente unido contra la barbarie”, pues los islamistas han comenzado “una guerra no declarada” que enfrenta a los franceses con “una ideología mortífera”. ¿Considerar al Islam una ideología mortífera no alimenta una aversión a lo que no es el cristianismo, ni Francia, ni lo occidental?
Así, yo no soy Charlie porque no podría expresarme de esa manera de una de las religiones, sí, más radicales, pero también más atacadas; yo no podría hablar así de personas que en sus propios países sufren de vejaciones no por creer en Alá, sino por creer, como Europa o América, en sus gobernantes; yo no podría hacer una caricatura ridiculizando una religión porque no me gustaría ver ridiculizado ni a Jesucristo ni a Buda ni a Brahma, Vishnu, Shiva, la Virgen de Guadalupe o cualquier otra representación de lo divino.
Lo que me queda claro es que esa aversión racial, religiosa o política es una de las muchas caras del mismo padecimiento: el miedo que tenemos a lo desconocido, y el miedo que tenemos de ser distintos. Y ese es el único sentimiento que alimenta el mundo de hoy en día, lo único que no nos hace diferentes.

lunes, 14 de noviembre de 2011

Certeza

Dicen los que saben que un día desperté y ya no estabas a mi lado; que me puse a correr como una loca por la casa vacía de tu recuerdo. También dicen que, al no encontrarte, regresé a mi cama y me recosté. De ahí nadie pudo moverme.

Dicen los que saben menos que los días transcurrieron en la más completa miseria, que los días y las noches estaban destinados al abismo, que el frío de la habitación heló por completo la casa y todos los que estaban a mi lado salieron sin percatarse de lo que pasaba conmigo. También dice que me quedé con los labios morados por la temperatura y secos a falta de compañía.

Dicen los que me vieron por la ventana que nunca me moví, que se convencieron de que vivía porque mi reflejo seguía en el espejo y porque el vaho de mi respiración empañaba las ventanas de todo el lugar y ellos me veían porque no me podían ver.

Dicen los que me oyeron que mis sollozos les permitían saber que seguía ahí; también dicen que mis lágrimas sonaron cuando me quedé sola esa mañana y que sonaron más cuando todos decidieron que tenía que estar sola para que mis demonios volaran por la habitación.

Yo supe que después de escucharlos abrí los ojos, y supe que los días y los años no habían pasado, que seguías a mi lado como el invierno pasado y como la vida anterior.

lunes, 30 de mayo de 2011

Parafernalia

Necesitaría tenerte aquí,
cerca
más cerca
no tanto, espera
para que deje de extrañarte
[aunque todavía no te extraño tanto
(eso espero, qué difícil sería extrañarte)]

Eres un adorno en mi vida
un adorno bonito, con flores y diamantina
eres las luces, el mar, la vida, el aire
eres
porque no creo que dejes de serlo,
[te va muy bien, lo juro]
eres
y ya.


¿Por qué escribirte?
Para ser
para que seamos
para no ser espacios en blanco
(son incómodos, como arena
te absorben y te vuelven nada)
para que en medio de nuestra infinitud
sepamos que somos igual de finitos
como el punto que termina las líneas de mis manos.

viernes, 22 de abril de 2011

Balas de aire

Cuando cayó sobre mi mano la primera gota de lluvia de abril, no supe si llorar o maldecir al cielo.

Cuando miré las nubes que se juntaban alrededor del sol no supe si preocuparme o enternecerme.

Cuando la pequeña gota se disgregó en miles de espejos luminosos sin que alguien hiciera algo, me pregunté: "¿qué pasó, quién se atrevió a asesinar la única muestra de cordura que quedaba en el mundo?"


Y una voz en mi interior me dijo: "Son las balas de aire. Las mismas que se disparan cuando las cosas salen bien; las mismas que hacen que, el día de hoy, sigas mirando al cielo"

sábado, 2 de abril de 2011

II. Vigilia

Después de todo, permanecer despierta no es tan malo. Los sentidos están más desgastados que mientras se está dormido, la sangre fluye por todo el cuerpo sin lograr distraer al sueño y sin conseguir un despertar a la realidad.

Hay gente que piensa que no puede rescatarme de mí misma, de lo que soy y seré hasta el final de mis días.
Soy miedo, soy sangre y entrañas que duelen, que lastiman; también soy corazón, lógica y desesperación. Soy vida, soy ganas, soy suerte, soy delirio, soy lo que más odian pero también lo que más aman en el mundo. Soy una televisión descompuesta, un animal herido que le aulla a la noche, un bote a punto de naufragar, un estandarte después de la conquista, una bandera blanca de tregua en medio de la guerra y la destrucción.

El mundo es lo mismo que yo, es lo que fui.
Fui cenizas, fui una colilla de cigarro desechada, fui lo mejor y lo peor que les pudo pasar. Fui envidia y coraje, gula y lujuria; fui olvido y recuerdo, fui un eterno retorno, fui lo que soy y lo que no seré, fui dos manos tocándose, fui un beso frente al mundo desechado por el alma.

Hay gente que siente que no podría rescatarme completa, que cree poder rescatar mi cuerpo, pero no mi alma. Hay gente que, en medio de su rescate, planea hundir mi cuerpo en un mar de lodo porque sabe que, a pesar del tiempo, no he aprendido a nadar...


domingo, 6 de febrero de 2011

I. Pesadillas

Mis genes incluyen en suicidio como parte primordial de mi vida. Era una idea que se cristalizó desde el momento en que mi familia comenzó a pensar que más valía quemarse en las llamas del infierno que soportar el castigo de un dios inmisericorde que los mantenía atados al mundo sin la mínima esperanza de sanación.

Hace años planeé una muerte digna, que me permitiera evitar el paso del tiempo, que me dejara escapar de esta realidad mía tan poco satisfactoria; quizá el dolor más grande para mí sería no lograr mis planes como quiero, permanecer en este mundo lleno de tristeza y lágrimas a pesar de mis vanos intentos de sucumbir. ¿Un edificio alto, una pistola, un veneno, sobredosis de drogas? Probablemente sea todo tan efímero que no podría despertarme de un sueño tan voraz, de este agujero negro que se come todo a mi alrededor.

El sudor que corre por mi frente, mis ojos cerrados ante la dureza de mi vida, de lo que pasa en cada milímetro de mi espacio; el vacío bajo mis pies, la sensación de vértigo, de la caída inminente; no despertar más de esta oscuridad que me llena de tristeza, la desesperación...

Y mis ojos se van abriendo poco a poco, sin urgencia alguna, como si quisieran darme una lección de vida... o de muerte.

martes, 28 de diciembre de 2010

La esencia del amor

 

Ahora me tomo la libertad de transcribir un fragmento, quizá uno de los más fuertes (y, para mí, más perturbadores) de Lolita, de Vladimir Nabokov. Es precisamente cuando Lolita ha logrado salvar lo poco que queda de su juventud; la visión de ella por parte de su adorador, Humbert, también ha cambiado, y solamente el amor (aunque degradado por la lujuria) consigue conservar la esencia de lo que Lolita es y lo que siempre será para su amante.

[…] Allí estaba mi Lo, con su belleza marchita, sus manos adultas y llenas de gruesas venas, sus brazos blancos con la carne de gallina, sus orejas lisas, sus axilas descuidadas. Allí estaba mi Lolita, definitivamente ajada a los diecisiete años, con aquella criatura que ya soñaba en su vientre con tener éxito en la vida, hacer mucho dinero y retirarse hacia el 2020 después de Cristo. La miré y la remiré, y comprendí, con tanta certeza como que me he de morir, que la quería más que a nada en este mundo. Ya no era más que el vago aroma a violeta y el eco, débil como el de las hojas muertas, de la nínfula con la que me había revolcado lanzando alaridos de pasión en el pasado [...] Lo que yo solía acariciar entre las zarzas enmarañadas de mi corazón, mon grand péché radieux, se había reducido a su esencia: un vicio estéril y egoísta, del que renegaba y al que maldecía. […] Insisto en que el mundo sepa cuánto quería a mi Lolita, a esta Lolita, pálida y profanada, con otra niña en el vientre, pero todavía con sus ojos grises, todavía con sus pestañas negras, todavía castaña y almendra, todavía mi Carmencita, todavía mía. […] Poco importaría que sus ojos se marchitaran hasta convertirse en los de un pez miope, que sus pezones se hincharan y agrietaran, que su pubis delicado, encantador, aterciopelado, joven, se ensuciara y desgarrara… aún así enloquecería de ternura con sólo ver tu querido rostro pálido, con sólo oír tu voz juvenil y ronca, mi Lolita.

¿Alguna vez alguien los ha amado a pesar de su alma desgarrada? ¿Alguna vez amarían a alguien con heridas tan profundas? ¿Le harían tanto daño a quien más aman en el mundo?

lunes, 1 de noviembre de 2010

Carta para un amor no nacido.

(Insértese música romántica justo aquí, no importa el género ni el idioma. Para mayor comodidad, disfrútese la lectura en un sofá tipo reposet, con unas deliciosas galletas del sabor de su preferencia y un café capuccino.)
Ahora tienes frente a ti esta declaración del más puro amor jamás nacido. No tiene caso corresponderlo, porque ni siquiera sé si es amor. Probablemente es una de esas obsesiones extrañas que llenan este mundo de infelicidad y malos entendidos.
En todo caso, ¿qué te hace pensar que alguien como yo podría amar a alguien como tú? ¿Te crees tan importante como para que mi vista se fije un solo segundo en un ser tan arrogante y detestable?
(A este paso, el lector debió haberse levantado y el reposet debe estar a unos metros, mientras su mirada atónita se posa en cada letra de las últimas dos preguntas, para verificar su certeza y su existencia. Sentarse de nuevo será la manera más fácil de prevenir un colapso.)
Sin embargo, debes entender que eres encantador, aunque no sé todavía de qué manera ni por qué me pareces tan lindo. Digo, después de todo eres uno de esos que se creen tocados por un dios y que merecería ser amado solamente por una persona con tus mismas "virtudes" o con la autoestima baja.
Pero en estos casos lo mejor es confiarle todo al azar. Si me dictó que debo sentir algo por ti, ¿para qué negarlo? ¿acaso con hacerlo dejaría este sentimiento, a pesar de que no sé qué diablos es?
Pero tenemos dos problemas a sortear: tu arrogancia y tu estúpida novia. La rubia tonta con la que sales es la menor de nuestras preocupaciones (¿Nuestras?¿Én qué momento el autor se ha incluido en dicho amor?), pero tu caracter... tratar de cambiarlo es como pedir que los continentes se unan de nuevo para rescatar las raíces del mundo y eliminar el agua bajo nuestros pies.
(En ese momento el lector debe mirar la fotografía que se encuentra en el buró del lado izquierdo, enmarcada en un bello cristal con tonos de azul, en la que aparece abrazado con una mujer exhuberante y rubia, ambos con cara de hastio. Luego, lo mejor será quitar tal imagen de la mente para proseguir con todo el sentimentalismo que la carta trata de expresar.)
En todo caso, yo no debería estar diciendo esto; lo mejor para nuestra salud mental sería mantenerlo en secreto, pero simplemente ya no puedo. ¿Alguna vez has sentido que algo te oprime tanto el pecho que sientes que falta el aire, y luego te mareas y tienes ganas de vomitar? Es la misma sensación que tengo y por lo que no podía guardarlo.
No sirve de nada que te lo diga, lo sé, porque con contartelo de esta manera tan romántica no conseguiré cambiar mi aspecto, la imagen que tienes de mí ni el mote de "inadaptada" que tus tarados amigos y la imbécil con quien sales me han impuesto. Por eso, lo más sano para los dos es que ignores estos comentarios y trates de seguir con tu vida, para no causarnos dificultades de ningún tipo.
(Aquí el lector elige una de las canciones más cursis de su repertorio. La ternura comienza a llenar su corazón de tal manera que su "enamorada" le parece no sólo un ser maravilloso, sino también la mujer más hermosa sobre la faz de la tierra. Entonces deberá tomar su celular para escribir un mensaje a su novia en turno y comunicarle la decisión de terminar con la relación. La carta comienza a surtir efecto en su receptor.)
No quisiera dejarte ir tan facilmente, pero estamos de acuerdo en que lo nuestro no puede ser. Además te apostaría toda mi fortuna (En este caso, la suma asciende a $200.00 y tres chamarras de cuero) a que ni siquiera sabes quién soy, ¿o sí?
Si no cabe duda de que eres un estúpido. ¿Ves por qué se me hace tan imposible amarte (¿Amarte?) así? Por eso, en vista de que no sabes quién soy, mejor dejarlo así.
(La novia responde afirmativamente a la petición: también ella necesita un tiempo. Probablemente ahora esté en medio de una de sus salidas clandestinas con fines sexuales, a lado del mejor amigo de su pareja. La felicidad en rostro del lector es casi indescriptible; sin embargo, el final de la epístola no le parece tan sentimental. Espera lo peor.)
Te dejo ir, para que continues con tu vida de vanalidades a lado de tus "amigos" y la zorra (Tachado en el original) tu novia. Espero que esto te enseñe a no jugar con los sentimientos de los demás y a pensar en que el amor es tan cambiante e indeseable que puede llevarte a sentir "algo" por quien menos te esperas.
Te ama/no te ama
La chica que se siente a tres asientos de tu lugar, junto a la ventana. Sí, la de lentes, pantalón de mezclilla y sudadera de los Steelers; eres un tarado, jamás te habías dado cuenta, ¿verdad?.
P.D. Te informo que la próxima semana llegaré vestida igual que tus amiguitas, a ver si me reconoces. Y también entérate de que ni loca te haría caso.
(Después de la ruptura total en el ego masculino, la caída del paraiso plástico en el que vive el lector representa entonces un reconocimiento de sí mismo. La buscará mañana, a pesar de los rumores que despertará en sus compañeros; se sabe enamorado de alguien que lo ha despreciado y que, probablemente, representa su verdadera felicidad.)
(Ahora la escritora arroja este papel al bote de la basura, con un peso menos en la conciencia. Por fin ha comprobado que la utopía es una de las mejores cosas que ha creado el ser humano.)

domingo, 5 de septiembre de 2010

Caída

Gotas que resbalan por la ventana. Más allá la música de un automóvil acelerando a toda velocidad a media avenida; un frenado intempestivo que seguramente dejó el pavimento marcado como con gis negro, indeleble.

Y ese no saber dónde estás, de dónde vienes ni a dónde vas.

Incongruencia del cielo, que muestra su cara más soleada mientras gruesas gotas arremeten contra todo lo que hay a su alrededor. La gente corriendo bajo la lluvia, cubriéndose con un paraguas, una gorra, con sueños, con desesperación, con cualquier cosa que esté a su alcance.

Y el silencio roto por la melodía de la tormenta.

Los niños invencibles que juegan en medio de la calle ante los gritos incesantes de las madres que intentan salvarles la vida mientras ellos creen vivirla entre los riesgos y la incertidumbre.

Y no pensar en ti, porque no sabes qué pensar, ni si debes preocuparte por tí.

La lluvia que no cesa, el tiempo que transcurre y te atropella, la noche que te aplasta, el ruido que no se va, el silencio que no llega y que no llegará aunque lo llames.

Y sentir que algo se desborona dentro de ti.

La interminable melodía de la hierba bajo el agua, de los techos golpeados. Las ventanas empañadas, las puertas selladas bajo la promesa de reabrirse cuando pase todo, cuando se termine el sufrimiento del cielo que clama y sufre ante la mirada callada de todos los que lo ven llorar sin saber cómo consolarlo.

Y no saber qué se ha caído en tu interior. No poder pensar, ni sentir, ni llorar...

viernes, 6 de agosto de 2010

Lección de vuelo no. 2. Olvido

Lección de vuelo no. 2: ¿Los recuerdos se van?

El olvido no existe, tan sólo la sensación de haber perdido algo. Los recuerdos se degradan, mas no desaparecen.

Cuando se dice haber olvidado algo, no es que se haya ido, sino que ahora no se recuerda con la misma intensidad; has cambiado, has crecido, has madurado, sólo se ha quedado en ti lo esencial y el tiempo no perdona: todo se desgasta, incluso lo vivido.

Los recuerdos se desvanecen y adquieren un nuevo significado. La misma canción que ayer era tristeza puede ahora mover a la risa, un viejo amor encontrado por casualidad después de mucho tiempo puede pasar desapercibido ante tus ojos; tu propia vida puede no ser ahora lo que creías que era y probablemente sea algo que nunca planeaste, algo inesperado, de lo que nunca te habías dado cuenta.

Queda en ti lo que debe permanecer. Adquieres nuevos aprendizajes que van desplazando otros, y éstos terminan por tener menor importancia; todo cambia, nada se queda estático sobre el universo, nada está escrito.

martes, 22 de junio de 2010

Lección de vuelo no. 1

Lección de vuelo no. 1: NUNCA PODRÁS VOLAR

Cada vez que tus alas se despleguen, una corriente de aire adversa te tirará tantas veces sea necesario para que aprendas a levantar el vuelo.
Y de nuevo alzarás la mirada al cielo con la esperanza de completar tu plan, pero tal vez un ave más grande sea la que en esta ocasión te tire al piso nuevamente.

Esto no tiene que ver con la felicidad.
La felicidad son todos esos pequeños raspones que te llevas en cada accidente y que te hacen valorar lo que tienes para no dejarlo perder.
Tampoco tiene que ver con las emociones, porque éstas se mezclan una a una desde el despegue hasta el aterrizaje, sea de la manera que sea, sin saber exactamente qué son y, a veces, sin expresarse.

Tiene que ver con tu condición humana. Los hombres no volarán aunque tengan alas de metal o de plumas ligeras. Simplemente no podrán, no es su naturaleza.

Tiene que ver con el destino, no con la elección.

domingo, 21 de marzo de 2010

¿Cuánto duele un beso?

Lo pregunto porque escuché a alguien decir que "aquellos besos le dolían más que los recuerdos".

A mí hasta ahora no me han dolido los besos. De hecho soy fan de los besos en cualquiera de sus múltiples formas y sabores. Ni siquiera me han dolido los besos dados a personas encadenadas a mi pasado ni los que nunca me atreví a dar por miedo o por desidia.

¡Los besos no pueden doler! Aunque sean dados con amor y devueltos en medio de puñaladas y odio. No pueden doler a pesar de ser fingidos... Ese es otro problema: un beso no puede fingirse; quien lo haya hecho está mintiendo: un beso es la mejor representación de cariño o de deseo, aunque sea el deseo de demostrar que no eres cobarde, que puedes cumplir un reto, así que no puede fingirse.

Los besos simplemente son, no pueden tener otro atributo que ser ellos mismos. Con sabor a fresa o a menta, en medio de un abrazo o en una plática de sobremesa, simplemente son, simplemente existen.

"Con el tiempo aprenderás que un beso no es un regalo, ni un contrato, ni una promesa" Eso decía Shakespeare. Podrán no ser ninguna de esas cosas... pero a decir verdad nadie sabe qué son... y si es que duelen.

domingo, 14 de febrero de 2010

[Sin conexión]

Se perdió el contacto. La conexión extrasensorial está fallando, como si los dientes de la desesperación hubieran roído poco a poco las líneas que me mantenían atada al mundo.

Ya no pienso. Ya no soy. Simplemente siento; eso es todo.

No miro alrededor, quizá por el miedo de encontrarme frente a un espejo y ver la miseria de mi alma ahogada entre palabras. No escucho para no oír los gritos desgarradores del mundo que cae sin posibilidad de recuperación. No huelo ese aroma rancio de promesas entregadas en el último momento que creemos se realizaran por sí solas por el solo hecho de ser hechas por un moribundo. No tengo ganas de saborear el aire que recarga mi garganta de incertidumbre.

Pero sigo sintiendo. Todavía puedo saber que el suelo, el cielo, el agua y todo lo que me rodea sigue ahí; porque los aprehendo con mis manos, porque puedo aferrarme a ellos sin dificultades, porque son la única razón de mi permanencia en... ¿dónde estoy? qué importa, solo sé que sigo aquí.

Simplemente siento. Eso es todo.

La conexión se reestableció. Creo que puedo seguir viviendo.

viernes, 15 de enero de 2010

Mi país de melancolías...

Hace tiempo que dejé de postear. No tengo ni la más mínima idea de cuándo o por qué lo hice; después de todo, mi idea de un blog no es escribirle mis secretos a mi diario, sino desahogar demonios que andan invadiendo mis sueños y pesadillas.

La lluvia, el frío, las pocas personas que salen a la desolación del clima, la televisión, los noticiarios, los terremotos... todo me hace pensar que estoy estancada en algo que ya viví y que pensé dejar atrás.

El nuevo año llegó a mi plagado de recuerdos lindos y perturbadores que llenaron mi mundo de nuevo. Y eso me hizo pensar que los recuerdos que llegan a mi vida no son solo míos, sino de todos los que me rodean, como si fueran tejiendose en un telar interminable de memorias apagadas que se unen para encender una serie luminosa.

La imagen de los "compañeros caídos en el cumplimiento de su deber" (muertos no solo se oye triste, sino además desolador); de los viejos amores enterrados entre fotografías, cartas y desilusiones; de las personas que se alejan y aún de las que se acercan...

Siempre supuse que la tristeza era igual y universal, pero he aprendido que padecerla es lo que cambia su esencia. Nadie podría igualar mi dolor, así como yo no podría siquiera imaginar lo que los demás padecen...

Esa es la verdadera melancolía, el verdadero sufrimiento por lo que fue, lo que es y lo que probablemente nunca podrá ser. Ese es el motivo de que esté escribiendo esta vez, aún sin tener idea de lo que en realidad estoy diciendo.

domingo, 6 de diciembre de 2009

El poder de la mirada

No puedo describir la última vez que pude experimentar una sensación tan rara y a la vez tan gratificante; ni siquiera recuerdo cómo fue que pasó ni quién fue testigo. Esas cosas no habían despertado alguna creencia en mi desde hacía ya mucho tiempo.
Pero todo sucedió de nuevo y no pude más que dejarme seducir por un momento que parecía mágico y me ofrecía una misteriosa oportunidad.

Sólo recuerdo que lo vi de lejos una sola vez; sus ojos se encontraron con los mios por un instante que me pareció eterno, que detuvo el tiempo. Después nuestras miradas se separaron para no encontrarse a pesar de mis vanos intentos; pero ahí estaba de nuevo, y ya no eran solamente esos ojos claros que me habían cautivado, sino su cuerpo entero erguido frente a mi. Me quedé pasmada hasta que un ruido extraño me despertó de mi ensueño y me hizo saber que más allá de ese ser había una realidad que me llamaba a gritos.

Desde ese instante las miradas se convirtieron en un código que no recuerdo, en mensajes que desconozco y que no he hallado; el contacto ni siquiera era necesario porque su perfume llegaba a mi a través del aire, sus manos y sus brazos me tocaban cada vez que sus ojos se posaban aunque fuera un instante; la búsqueda de lo inefable en medio de la multitud había comenzado sin que me diera cuenta.

Y sin esperarlo ya estaba de nuevo frente a mi, dispuesto a hablar... hasta que una nueva oleada de música, personas y desventuras nos separó para nunca más unirnos.

Ahora que los días han pasado me queda el recuerdo de esos ojos mirándome fijamente sin parpadear y la sensación de haber escuchado palabras nunca emitidas.
No quiero ni siquiera imaginarme su voz. El misterio de ese encuentro es lo que mantiene la esperanza de escuchar lo que no se pudo decir y que probablemente nunca será escuchado.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Soledad...

Hace unos días mi sobrino me preguntó qué era la soledad. Mi sorpresa no fue pequeña, creo que nunca piensas ser cuestionado por un niño de 4 años acerca de un tema tan difícil y tan socorrido.

Obviamente no pude responderle como quisiera, como mi corazón dictaba en ese momento; opté por decirle que es estar en tu casa cuando tu mamá se va a comprar la comida y no tienes nadie con quien hablar. Creo que esa respuesta lo satisfizo.

Pero yo no estaba muy conforme con lo que le había dicho, mas aún porque nunca le había mentido a un niño. ¿Acaso mentí? Creo que sí, porque esa respuesta no era ni siquiera una parte de todas las ideas que me pasaron por la cabeza.

A decir verdad ni siquiera yo sé qué es la soledad... solo sé que me aterra. Considero que si la he experimentado, que he estado sola infinitas veces, en esas ocasiones en que todos voltean la cara para no ver la desgracia ajena y no sentirse infinitamente miserables.

No interesa tener mil amigos si ninguno de ellos está a tu lado cuando en verdad lo necesitas, cuando tienes ganas de llorar, cuando estas destrozado, cuando sientes que algo te falta y no puedes saber qué es. Eso es la soledad.

No sirve de nada expresar todos tus sentimientos si jamás llegan a ser comprendidos, si no son escuchados por aquellas personas que te gustaría que los supieran. Eso es la soledad.

Cuando un día despiertas con una inmensa presión en el pecho que te oprime hasta dejarte sin respiración y entiendes que todas las cosas que creíste llegarían a ser maravillosas no son ni siquiera un esbozo de lo que imaginaste y tienes que eliminarlas de tu vida aunque en esa acción se vaya la mitad de lo que eres. Eso es la soledad.

El problema no es saber todo esto, sino no encontrar las palabras exactas para resumirlo.

Tal vez en unos años la duda vuelva a asaltar a mi sobrino y de nuevo pregunte; creo que para ese entonces sabré explicarle y el podrá entender todo aquello que callé esta ocasión. Probablemente siga siendo un asunto inefable.

Pero al final solo falta vivirlo para saber que esta sucediendo...

sábado, 17 de octubre de 2009

A nutrirse de algunas frases para los jóvenes...



La espera terminó... o por lo menos aminorará enormemente otra espera...

El próximo 3 de noviembre saldrá a la venta el esperado disco solista de Julian Casablancas, vocalista de The Strokes, titulado Phrazes for the young. Es sin dudar uno de los discos más esperados del año, no sólo por la calidad musical que presenta, sino porque nos permite esbozar en nuestra mente una idea de lo que será el cuarto álbum de estudio con el quinteto neoyorquino.

Su primer sencillo, 11th dimension, ya tiene un par de semanas sonando en la radio; en esta canción Casablancas retomó un sonido bastante ochentero, con teclados y sintetizadores bastante marcados y una voz un poco más diluida en la melodía. Lo interesante es que su trabajo no tiene ningún parecido con lo que antes hemos escuchado: su experimentación con el pop y la música electrónica da una idea bastante clara de las preferencias musicales que ha mantenido resguardadas del sonido rock de The Strokes.

Aunque anteriormente había participado en otros proyectos (con Queens of the Stone Age en "Sick, sick, sick", en la campaña de Converse a lado de Pharrel Williams y Santigold y más recientemente en el disco Dark side of the soul con "Little Girl") esta es su consolidación como artista: se ha separado un poco de lo convencional y está apostando su talento en algo completamente diferente.

Mientras tanto, el nuevo disco con su banda, cuya fecha tentativa de lanzamiento era a finales de este año, se ve aún lejano debido a los diversos proyectos alternos de algunos integrantes (Fabrizio Moretti con Little Joy, Nikolai Fraiture con Nickel Eye y Albert Hammond Jr. como solista).

Sin embargo, esperemos que estos proyectos hayan logrado llenar las expectativas de sus respectivos emprendedores y que próximamente se vislumbre en la escena musical un nuevo álbum que sepa rebasar a sus predecesores y colme nuestras ávidos oídos con una dosis de buena música.

lunes, 10 de agosto de 2009

Y si...

Hace mucho que no escribo. Bueno, de hecho en este preciso momento estoy haciendolo; pero me refiero a escribir un cuento, un poema, no sé, algo. Probablemente no lo hago desde hace dos años mas o menos. Los culpables: aquellos escritores que he leido a lo largo de estos cuatro semestres de estudios universitarios.
Pero tal vez no tienen toda la culpa. Mi cerebro es el principal culpable. Las ideas ya no fluyen como solían hacerlo, y si alguna de ellas logra permanecer en mi cabeza más de dos días es cruelmente asesinada por un excelente verso de no-sé-qué-poeta que no me permite externarla.
A veces pienso en escribir sobre el amor... porque estoy enamorada, ¿o no?; es algo dificil de explicar, creo que ni siquiera sé con exactitud qué es este sentimiento que hierve en mi pecho. Luego considero que es un tema bastante acabado, que sólo me frustra, que no me permite sacar todos mis sentimientos. ¿O tal vez son las palabras? Ya alguien las culpó alguna vez, así que no debería retomar ese tema.
Entonces se me ocurre escribir sobre la soledad... mas no sé qué es la soledad, ni siquiera la he sentido. Le temó desde niña, nunca he podido estar sola más de una hora sin sentir que mis miembros se paralizan de miedo. ¿Pero de verdad es miedo? ¿No puede ser solamente una repuesta involuntaria al frio de una habitación en la que solo estoy yo?. Definitivamente no encuentro cómo expresar lo que me ocurre. De nuevo son las palabras.
Luego pienso... esperen, ya ni siquiera surgen ideas en mi cabeza. Eso esta mal. Se supone que un buen ejercicio para alguien cuya carrera depende de la literatura es escribir. ¿Y si nada de lo que escribo me gusta, acaso es un pecado? ¿Y si no sé qué es cribir? ¿Y si no encuentro la manera de expresarlo, aunque las palabras sean suficientes?.
Que curioso, veo que sin planearlo he podido escribir algunas líneas. Tal vez si dejo de quejarme y simplemente tomo el teclado sin un pensamiento deliberado salga algo interesante.
¿Y si esa técnica no funciona? ¿Y si mejor dejo de intentar escribir otro rato?...

domingo, 30 de noviembre de 2008

¿La nostalgia nunca es buena?


Mucha gente piensa que la nostalgia lo único que logra es entristecer el ánimo; otras personas creen que recordar es volver a vivir. En lo personal, concuerdo más con la segunda opción.


¿Pero acaso es bueno recordar? En este caso si: no solo es bueno, además mantendrá vivos (bueno, en realidad siempre lo están) a estos seres objeto de mi escrito:


THE STROKES!!!!


No es adulación, no es vanagloria, simplemente es rememorar a esos cinco chavos pandrosos que hace exactamente 10 años cambiaron la vida no solo de unos cuantos rockers ávidos de buena música, sino de toda una generación de jovenes que buscaban algo más, algo diferente... algo que los prendiera para jamás extinguir ese fuego.


Por esta y muchas más razones inaguro este espacio con un homenaje (muy merecido para mi gusto) a estos gigantes escondidos ahora en las calles de Nueva York.


Más que la búsqueda de la nostalgia, es un grito desesperado para que regresen, para que nunca olviden que muchos de esos chavos que han asistidos a sus conciertos siguen aquí, al pie del cañon; es un acorde de guitarra que pide quien lo escuche


Porque recordar si es volver a vivir...